Ciudad de México, junio 12, 2026 04:52
Deportes País

‘Borraron’ de las pantallas las protestas multicolor alrededor del Mundial

Las televisoras con derechos de la FIFA impusieron un cerco informativo

El blindaje policiaco y las restricciones en Metro y Tren Ligero paralizaron la movilidad de trabajadores, mientras madres buscadoras y la CNTE encararon la exclusión del evento.

Evadiendo inteligentemente los retenes de la Calzada de Tlalpan, el colectivo de familias de desaparecidos logró irrumpir en las puertas del coloso para visibilizar la crisis humanitaria.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

Mientras la euforia mundialista inundó las pantallas de televisión este 11 de junio, en las calles de la capital se jugó otro partido que los medios masivos optaron por silenciar durante el día de la inauguración del Mundial.

Las principales cadenas televisivas mantuvieron una cobertura que invisibilizó las crecientes protestas sociales y las denuncias ciudadanas, las cuales acusaron un agresivo “maquillaje urbano” diseñado para ocultar las crisis locales ante la llegada de los visitantes internacionales.

El ambiente festivo que se pretendía vender desde los estudios chocó de golpe con el asfalto hirviente y el sonido de los megáfonos. Las transmisiones en vivo omitieron el contraste de una ciudad partida en dos: el regocijo VIP hacia el sur y el descontento popular contenido a la fuerza en los perímetros de seguridad.

En medio de este panorama de censura generalizada, el contraste en el espectro mediático fue absoluto. En Telefórmula, Ciro Gómez Leyva fue de los pocos periodistas que dieron una amplia cobertura al tema, abriendo los micrófonos a la compleja realidad que se vivía en las inmediaciones de los cercos policiacos. Esta postura rompió de tajo con el silencio ensordecedor de Televisa y TV Azteca, cuyas pantallas ignoraron por completo las manifestaciones, a pesar de que en días pasados ambas televisoras habían mantenido una intensa cobertura sobre las movilizaciones de la CNTE.

Este silencio cobró un sentido estrictamente comercial al recordar que tanto Televisa como TV Azteca cuentan oficialmente con derechos de transmisión por parte de la FIFA, un millonario compromiso corporativo que pareció obligar a cuidar el producto televisivo por encima del rigor informativo.

Bajo la consigna Si no hay solución, no rodará el balón”, integrantes de la CNTE escalaron sus movilizaciones mediante el bloqueo de los accesos a las principales sedes de las televisoras en la Ciudad de México, acusando un cerco informativo que priorizó el negocio deportivo sobre sus demandas laborales pendientes.

Esta atención mediática ausente llevó a los manifestantes a intervenir directamente esculturas y elementos alusivos al torneo como una vía drástica para hacerse visibles en esta jornada inaugural. Las pintadas y consignas sobre los monumentos patrocinados se convirtieron en el único registro físico de una inconformidad que los directores de cámaras decidieron ignorar en sus cortes informativos.

Colectivos encabezados por madres buscadoras, en las inmediaciones del Estadio CDMX. Foto: Rogelio Morales / Cuartoscuro

Ni siquiera TV Azteca, que había mantenido una postura combativa al régimen morenista y dado en días pasados una profusa difusión a la tensión provocada por las movilizaciones de la CNTE, esta vez permitió manchar sus pantallas con algo triste. La cadena invisibilizó este día, durante la inauguración del Mundial de futbol, porque no fue así en días anteriores; hoy todo fue euforia y cobertura de los Fanfest retacados, particularmente el del Zócalo.

A cuadro, Ricardo Salinas Pliego decretaba que “hoy es un día de unidad… pero también para reflexionar sobre qué país queremos”. Lo más importante era dar su pronóstico del partido: “2-0, México”.

Foto: Itzel García Muñoz

Ahí, El Heraldo Televisión apenas puso alguna atención en la dificultad que tenían los seguidores de la Selección Nacional para llegar al primer cuadro de la ciudad. El medio optó por enfocar sus reflectores y su espacio a la fiesta y el color del evento. En las televisoras, las tomas cerradas de caras sonrientes de los aficionados y los sombreros de charro, así como los enfoques aéreos con drones de una toma aérea del Zócalo pletórico, sirvieron de cortina de humo para ocultar los severos retrasos viales y el descontento de quienes quedaron varados a pocas calles del primer cuadro.

Como en una sola voz, las televisoras decidieron exaltar —una vez más— la incierta posibilidad de una selección que históricamente juega con la ilusión de la gente y el negocio. Una frase común y repetida hasta el cansancio en los noticieros de televisión fue que “la plancha del Zócalo estuvo a reventar”.

Sin embargo, detrás del encuadre cerrado de las cámaras y el júbilo televisado, nadie en los medios tradicionales se tomó el tiempo de explicar por qué la presidenta Claudia Sheinbaum decidió finalmente no ver la inauguración en ese abarrotado espacio público, rompiendo así el anuncio oficial que ella misma había hecho en días pasados confirmando su asistencia al festival de la plaza central.

Foto: Rogelio Morales / Cuartoscuro

Sin embargo, la jornada inaugural del 11 de junio de 2026 atestiguó una movilización que terminó por unificar múltiples descontentos en una sola voz. La indignación cobró fuerza en puntos emblemáticos como el Ángel de la Independencia, donde la marea verde de los hinchas que comenzaba a congregarse se topó con muros pacíficos de dignidad. Los colectivos aprovecharon las aglomeraciones matutinas de aficionados para tapizar la zona con fotografías y fichas de búsqueda, obligando a los presentes a confrontar la tragedia nacional de más de 133 mil personas ausentes en medio de la festividad internacional. Con el paso de las horas, el contingente general aglutinó de todo: madres buscadoras exigiendo justicia, maestros de la CNTE, trabajadores de sindicatos universitarios y defensores de animales del Refugio Franciscano.

A la retaguardia de este masivo bloque se integró una columna histórica y simbólica: los sobrevivientes y simpatizantes del Comité del 68, quienes enarbolaron consignas por la memoria colectiva y enlazaron la conmemoración del Jueves de Corpus con el descontento actual frente a la militarización del sur de la ciudad. Asimismo, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) movilizó a mil 500 agremiados en el corredor de Paseo de la Reforma, plantándose frente a los corporativos para demandar la renacionalización de la industria energética y sumando músculo obrero a la disidencia civil. En paralelo, grupos disidentes de Jueces y Magistrados en retiro forzado se concentraron en las inmediaciones viales para denunciar los atropellos contra la independencia judicial del país. El mosaico contestatario se completó con colectivos cannábicos como “La Comuna 4:20”, la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros (UNTyPP) defendiendo sus sistemas de pensiones, y la agrupación “Y que Viva Cristo Rey”, la cual marchó desde Ciudad Universitaria para clamar justicia por la ola de sacerdotes asesinados en territorio nacional.

Foto: Itzel García Muñoz

A la marcha también se sumaron grupos feministas, colectivos ProPalestina y activistas de las COPACOS, estos últimos firmes en su rechazo al nuevo Plan de Desarrollo Urbano de la Ciudad de México. La plancha asfáltica se convirtió en un mosaico de pancartas que iban desde las fotos de los rostros ausentes de miles de familias hasta las exigencias de autonomía comunitaria frente a la gentrificación acelerada por el torneo.

La indignación animalista marchó bajo la rabiosa consigna “Sin canitos no hay mundial”, visibilizando el drama que vivió la manada del Refugio Franciscano tras el violento desalojo judicial ejecutado con fuerza pública y antimotines a principios de año en Cuajimalpa. Los activistas denunciaron en las calles el crítico estado de incertidumbre, hacinamiento y riesgo sanitario en el que se encontraron los animales, evidenciando que la población original de más de mil 100 perros y 30 gatos disminuyó drásticamente en resguardo gubernamental a solo 759 canes y 39 felinos. Con pancartas en mano, los protectores acusaron una opacidad institucional absoluta sobre la muerte de cientos de ejemplares, señalando que el resto de los animales sobrevivientes pasó meses confinado y hacinado en transportadoras plásticas dentro de sedes temporales y fragmentado en tres ubicaciones estatales sin la infraestructura adecuada para su bienestar a largo plazo.

Aunque el bloque de la CNTE fue por mucho el más nutrido y combativo, el aparato de seguridad desplegado por las autoridades les impidió avanzar más allá del cruce de la Calzada de Tlalpan con la Avenida División del Norte. Los uniformados, equipados con escudos antimotines, formaron una muralla humana infranqueable bajo el paso a desnivel, congelando la protesta a kilómetros de su destino.

El cerco policiaco no se limitó a las grandes avenidas; policías y vallas de acero bloquearon también las calles pequeñas y cualquier callejón que pudiera conectar, como un laberinto, con las inmediaciones del antes llamado Estadio Azteca. La zona residencial de Santa Úrsula Coapa y sus alrededores quedaron convertidos en una fortaleza, donde el tránsito vecinal fue cancelado por completo. Ante la contención y el encapsulamiento, la rabia contenida escaló a las estructuras de control; integrantes del denominado bloque negro destrozaron cristales e infraestructura de la estación Vergel del Tren Ligero, además de arremeter con palos y martillos contra unidades oficiales de la Policía Bancaria en el callejón Esfuerzo, vandalizando patrullas estratégicamente colocadas para bloquear las vialidades.

Lejos de la narrativa unificada de orden, la digna rabia de las familias de los desaparecidos no se dejó amedrentar por los muros de concreto ni por el despliegue de uniformados. El primer núcleo de resistencia de las madres buscadoras se plantó firmemente en la estación Registro Federal del Tren Ligero. En un acto de audacia que tomó por sorpresa a los mandos policiacos, el colectivo logró evadir el cerco de seguridad desplegado sobre la Calzada de Tlalpan, abriéndose paso hasta las inmediaciones del mismísimo Estadio Ciudad de México.

Una vez en las puertas del coloso, las consignas de justicia se mezclaron directamente con los cánticos de los aficionados. Las mujeres tapizaron la ostentosa publicidad oficial de la Selección Mexicana con las fichas de búsqueda de sus seres queridos, entre ellas las de Ana Amelí, una joven cuyo rastro se perdió en las inmediaciones del Ajusco. La tensión física estalló sobre el puente peatonal que conecta directo al inmueble deportivo, sitio donde agrupaciones de búsqueda, colectivos pro Palestina y manifestantes sufrieron embates y forcejeos por parte de los agrupamientos policiacos de la SSC, quienes los replegaron a empujones en un desesperado intento institucional por liberar los accesos viales de cara al silbatazo inicial.

El eco de estas protestas no fue un hecho aislado en el sur. En el epicentro de la fiesta comercial, las mujeres buscadoras también irrumpieron en el abarrotado Fan Fest del Zócalo capitalino bajo una postura sumamente clara: la intención jamás fue sabotear el entusiasmo deportivo de la gente, sino aprovechar los reflectores mundiales para obligar al país a mirar la crisis humanitaria que se vive fuera de las canchas. Una realidad que contrastó profundamente con la agenda de los altos mandatarios, pues el partido inaugural arrancó con la notable ausencia de los líderes de México, Estados Unidos y Canadá; de hecho, la presidenta de la República optó por seguir el debut del equipo nacional en una pantalla pública desde un centro deportivo en la alcaldía Gustavo A. Madero.

La disonancia urbana no pasó desapercibida para el turismo receptivo, el cual chocó directamente con una realidad imprevista. Informes recabados por El Financiero documentaron el desencanto de diversos aficionados extranjeros que arribaron a la capital esperando una inmersión festiva total y, en su lugar, se toparon con cierres viales y campamentos de manifestantes. Un turista de origen brasileño manifestó su sorpresa al ver que las grandes concentraciones del primer cuadro de la ciudad no respondían al júbilo del torneo futbolístico, sino a la movilización de personas que luchaban por la defensa de sus derechos, admitiendo que, aunque respetaba la legitimidad de sus demandas, el panorama de la capital resultaba deprimente en contraste con la fiesta que venía buscando. Del mismo modo, testimonios de visitantes estadounidenses confirmaron que la presencia de barricadas y tiendas de campaña en el Centro Histórico hizo sumamente difícil el libre tránsito peatonal en pleno arranque de las actividades mundialistas.

A este blindaje de seguridad se sumó la restricción total de la movilidad cotidiana en la zona sur de la ciudad. Este día, abordar el Metro o el Tren Ligero se convirtió en un beneficio exclusivo para los ricos o para quienes, por circunstancias de privilegio, pudieron acceder al coloso de Santa Úrsula, ya que las autoridades impidieron abordar el transporte público a cualquier ciudadano que no presentara su boleto de acceso a la inauguración. Las estaciones aledañas lucieron desiertas para el ciudadano de a pie, cercadas por filtros de revisión que operaron más como aduanas de exclusión social que como operativos de vialidad.

Esta exclusión en el transporte público mostró su cara más cruda en puntos neurálgicos como el Metro Universidad. Ahí, empleados portando los característicos chalecos color vino del gobierno capitalino formaron un muro burocrático para impedir la entrada de usuarios comunes, afectando directamente a trabajadores no asalariados que dependían de la red para cumplir con sus jornadas laborales y necesitaban moverse. Bajo engaños, los servidores públicos disuadían a los ciudadanos frustrados asegurándoles falsamente que en la estación Copilco sí se permitía abordar los convoyes, una mentira operativa diseñada únicamente para dispensar la aglomeración y limpiar el paso en la terminal.

Mientras esto ocurría en las calles, dentro del inmueble sucedió el espejismo aderezado con el mercantilismo de un show poco auténtico y recurrentes obviedades nacionalistas. Tal vez lo único rescatable fue el principio con la participación de Lila Downs y el final con Shakira. Por lo demás, todo pareció justamente un espectáculo ligado por completo a la televisión comercial; un desfile de fórmulas predecibles con la presencia de Belinda, Maná, Los Ángeles Azules o algunos exponentes del reguetón que hoy supieron a un Siempre en Domingo moderno para llenar la transmisión. El eco de los sintetizadores y las luces robóticas cubrieron el cielo del sur de la ciudad, pretendiendo ahogar el ruido de las sirenas y los reclamos que vibraban del otro lado de las rejas del estacionamiento.

Belinda y los Ángeles Azules, en la ceremonia de inauguración. Foto: Édgar Negrete / Cuartoscuro

Hoy el negocio deportivo opacó por completo las demandas sociales y los derechos de los habitantes, valiéndose de la genuina esperanza mundialista de decenas de miles de capitalinos que inundaron las calles portando con orgullo la camiseta verde y banderas nacionales. La pasión popular fue secuestrada por el corporativismo, utilizando la fe futbolística de la gente como el empaque perfecto para un producto estrictamente televisivo.

Mientras tanto, la inconformidad silenciada se refugió en las paredes de los barrios, donde vecinos de complejos habitacionales como el Multifamiliar Tlalpan denunciaron el borrado sistemático de murales comunitarios e históricos para imponer la propaganda oficial y las mascotas del evento. Las capas de pintura fresca sepultaron años de memoria vecinal y de organización comunitaria bajo los colores chillantes de los patrocinadores internacionales.

Colectivos vecinales señalaron que las autoridades implementaron una estrategia de “limpieza visual” que incluyó la colocación de lonas coloridas sobre viviendas deterioradas y el reemplazo exprés de bardas de protesta —originalmente dedicadas a denunciar la escasez de agua— por arte urbano patrocinado por el comité organizador, consolidando una narrativa oficialista que choca de frente con la resistencia comunitaria y el descontento social que la televisión se negó a transmitir. (Con información de Itzel García Muñoz)

Foto: Rogelio Morales / Cuartoscuro

Compartir

comentarios

Artículos relacionadas